
En algún momento del camino, te das cuenta de que nadie te enseñará cómo vivir tu propia vida —ni tus padres ni tus ídolos, ni los filósofos ni los poetas, ni tu educación en ingeniería, ni tus cursos o másteres, ni la terapia, ni Dostoievski. Por muy valiosa que sea toda esa guía, por muy pertinente que sea esa sabiduría, al final descubres que el camino de la vida lo haces tú solo al caminar con tus propios pies (“caminante no hay camino, se hace camino al andar” — Antonio Machado), bajo tu propia conciencia: ese milagro singular que jamás se repite en toda la historia y el futuro del universo, y que nunca puede articularse por completo a otra persona.
Dicho esto… lo que escribo no lo hago porque “sepa mucho”. Nadie sabe nada, solo aparentamos saber. Lo que comparto es una manera de darle forma a todo eso que he aprendido acerca de vivir con cada año que paso escribiendo, leyendo y justamente “viviendo” (porque escribir parece ser el mejor medio que tengo para metabolizar mi propia vida). Estas “enseñanzas” siempre han sido profundamente personales; nunca consejos directos para nadie más. No me siento en lo absoluto calificada para dar “consejos” en el sentido omnisciente y universalmente sabio que la palabra implica. Todo esto son notas para mí misma sobre lo que he necesitado aprender y reaprender. Yo soy mi primera paciente y solo intento ayudar a mi niña interior. Si alguna cosa que digo se queda contigo, quizás sea porque de algún modo estamos aprendiendo lo mismo.
Hoy es mi cumpleaños número 43, y te voy a compartir siete cosas que he aprendido en esta decisión de plasmar este viaje del corazón, la mente y el espíritu. Las escribo y las comparto por la misma razón que leo… para sentirnos menos solos en nuestra experiencia individual, que es solo una pieza común de la experiencia humana total (“Crees que tu dolor y tu angustia son algo sin precendentes en la historia del mundo… pero entonces lees” — James Baldwin).
1. Sal de ti mismo. Estaba buscando una palabra única para definir este punto pero no la encuentro. Es algo así como des-egoizate. En inglés: unself. No somos tan importantes. No hay nada más aburrido que mirarnos nuestro propio ombligo todo el rato y pensar que las cosas giran a nuestro alrededor. Por eso no me gusta la terapia convencional ni nada relacionado con terapias largas. Llega un punto en el que hay que entender que todo son solo representaciones mentales, y esas representaciones son el campo de juego de nuestra consciencia. Si un árbol cae y no hay nadie, ¿hace ruido?... Entonces, ¿tu historia es real o es lo que tu representación mental crea?... No hay certeza de nada. Sal de ti mismo y no le des más vueltas.
2. Hay infinitas maneras de vivir. Todo —tu vida y la mía, mis perros que murieron y Gabriel García Márquez sentando precedentes con el realismo mágico, el primer hombre en pisar la luna y un Siddharta que se iluminó, el caracol que sale después de la lluvía y Einstein con su teoría de la relativdad —surgió hace unos 13.8 mil millones de años. O eso creemos. Y aún nos empeñamos en pasar la vida trazando la frontera entre nosotros y el mundo. Congelamos un instante y lo creemos estable; confundimos azar con elección, nuestros modelos con la realidad. Pero las vidas no se entienden en línea recta, sino como diagramas que se entretejen en una vasta trama. Hay infinitas vidas bellas que surgen de conexiones invisibles. Somos todo y nada.
3. Elige la felicidad. La felicidad es una elección. Esto lo interioricé escuchando a Naval Ravikant, pero muchos autores lo han expresado de diferentes maneras a lo largo de la historia. La alegría no es función de una vida libre de fricción y frustración, sino una función del enfoque: una elevación interior mediante la elección. Elige la felicidad como los niños lo hacen. Eligela al principio conscientemente, con esfuerzo, empujando contra el peso de un mundo saturado de razones para la tristeza, inquieto de necesidad de acción. Siente la tristeza, toma la acción, pero sigue empujando el peso de la alegría contra todo, hasta que se vuelva automático.
4. Cuestiona tus modelos y mapas mentales. Una frase de toda la vida y que mi padre siempre nos decía: el mapa NO es el territorio. Pruébalos continuamente contra la materia prima de la realidad. Nuestros mapas siguen siendo mapas —modelos representacionales incompletos que siempre dejan más por cartografiar.
5. No temas ser idealista. Soy una soñadora empedernida. En algún momento pasó algo por lo cual a veces me avergüenza serlo. Es un trabajo en progreso el interiorizar que nada es tan importante. En interiorizar que la función del creador es elevar, no rebajar. Elevemos nuestros sueños. El mundo nos condiciona a creer que el camino al “éxito” está marcado con satisfacer las demandas existentes. No lo creo. La oferta crea la demanda. Sueña más.
6. Busca aquello que magnificará tu espíritu. Personas, ideas, libros: consérvalos cerca. Visítalos a menudo. Son vacuna y remedio. Encuéntralos, aférrate a ellos y visítalos a menudo. Úsalos no solo como un remedio cuando el malestar espiritual ya haya infectado tu vitalidad, sino como una vacuna administrada mientras estás sano para proteger tu resplandor.
7. La presencia es un arte mucho más intrincado y gratificante que la productividad. El culto a la productividad tiene su lugar, pero adorar a su altar a diario nos roba la propia capacidad de alegría y asombro que hace que la vida valga la pena vivirse. Cómo pasamos nuestros días es cómo pasamos nuestras vidas.
Hay más, pero no lo dejo para el siguiente cumpleaños ;)
De momento te dejo con 7 libros que me han calado hondo y que de algún modo, han sido mi terapia.
The school of life - Alain de Botton
The Almanak of Naval Ravikant
Siddharta - Herman Hesse
Los misterios de la vida - Osho
Tao Te King - Lao Tse
El Cisne Negro - Nassim Taleb
Virginia Woolf - Al faro
También me quedé cortísima. Hasta la próxima.

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