Maquiavelismo (o aprender a no ser ingenuos)

¿Basta con ser buena persona? Buena en serio: honesta, cuidadosa, empática, bienintencionada.

Mucha gente piensa que la bondad, por sí sola, tarde o temprano se impone. Que el mundo premia la decencia. Que no hace falta aprender nada de la oscuridad... Y luego lees El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, un filósofo político florentino del siglo XVI.

Mi padre siempre me dijo que leyera este famoso libro... y ahora entiendo porqué.

Es mejor aprenderlo desde ya. La vida insiste en enseñarnos algo incómodo: no siempre ganan los buenos. De hecho, muchas veces ganan los que están dispuestos a hacer lo que tú no harías jamás.

Y Maquiavelo observó esto hace siglos, sin romanticismo ni consuelo. Ojo, su punto no era glorificar la maldad, sino advertirnos de su eficacia.

Los “malos", si es que queremos llamarlos así, suelen tener una ventaja brutal: no dudan. Son fríos cuando hace falta serlo. Calculan. Intimidan. Manipulan. Esperan. Aprietan donde duele. ¿Y sabes por qué? porque no están atados a la necesidad de verse a sí mismos como virtuosos.

Lo que hace este libro es enseñar a las personas buenas a comportarse con la misma contundencia que las malas. Según Maquiavelo, el príncipe admirable, que hoy podríamos llamar el director ejecutivo, el activista político o el periodista, el emprendedor, etc., debería aprender todas las lecciones de los operadores más astutos y más depravados: cómo asustar e intimidar, persuadir y acosar, tender trampas y engañar. No necesariamente con la misma contundencia o con el objetivo de hacer daño. Pero si como herramientas.

Si nos importan la sabiduría, la bondad, la seriedad y la virtud, pero solo actuamos siempre de manera amable, seria y virtuosa, no llegaremos a ninguna parte. Esta es la gran enseñanza de Maquiavelo.

Y entiendo que esto incomode, porque esos valores para la gran mayoría (o eso espero) son los más importates. Pero es que el mundo no siempre está diseñado para responder a ellos.

Se trata de dejar de ser ingenuos. Se trata de conocer las reglas reales del juego, incluso si decidimos no jugarlas del todo. Se trata de supervivencia. Se trata de entender que la bondad sin estructura también puede ser una forma de autoabandono.

Actuar de manera maquiavélica en ciertos momentos no significa traicionarnos. Puede significar proteger lo que importa. Sostener una visión. Defender un límite. No retroceder cuando el mundo empuja.

Puede que en ciertos momentos tengamos que actuar de forma maquiavélica y eso no nos hace malvados; es que lograr que algo se haga en un mundo áspero exige que actuemos durante un tiempo con toda la frialdad obsesiva de los villanos.


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